domingo, 23 de diciembre de 2018

Calamidad...




Vistos desde nuestra esquina del mundo, los japoneses se antojan misteriosos.
Extrañas criaturas de ojos oblicuos, cabello eternamente negro y una lengua indescifrable.
Sus costumbres son raras también. Recientemente tropecé con la reseña de una de esas tradiciones japonesas. Resulta que cada año por esta época, en una especie de resumen colectivo de lo que fue el tiempo que termina, los japoneses hacen una encuesta para escoger, de su extraño alfabeto, el signo que resume el acontecer de este período. Escogieron uno para que un monje calígrafo lo dejara plasmado en algún reverencial rincón de por allá, es el que traduce "desastre".
Si, los japoneses, sin reparos ni falsos pudores, reconocen que 2018 fue un desastre para ellos, que sufrieron múltiples reveses, la mayoría como consecuencia de las fuerzas de la naturaleza, que es mucho menos benigna sobre su archipiélago que sobre nuestra tierra de gracia.
Me quedé pensando, ¿si nosotros saliéramos, de puro noveleros que podemos ser, y nos propusiésemos la misma consulta, que término resultaría ganador?
En mi fuero interno, voté por "calamidad", porque me parece que mi país se bañó en esa agua todo este año, pataleando para no ahogarse.
Pero, viéndolo bien, en la televisión y la prensa oficial; oyéndolo mejor, en las alocuciones del máximo representante del gobierno; pensándolo un poco, me sobrevino la duda: quizás prevalecería algo de otro carácter, otro tono...
No lo supe.
Preferí, entonces, cerrar esta reseña, abriéndole le pregunta a usted, para su interna digestión: ¿cuál es su palabra para 2018?



viernes, 31 de agosto de 2018

¡¡¡Vil!!!
















Vil es degradado, echado a perder...

Estos tiempos son aciagos y miro un envilecerse de cosas que no tendrían que estar así, que no admiten excusas vacuas o distribuciones de culpas. Simplemente no tendrían que estar así, inapelablemente.
Pero están, las echaron a perder, las envilecieron...
La moneda nacional.
La decencia.
La convivencia y la armonía.
Las carreteras.
El mantenimiento y la conservación.
La ecología.
La seguridad.
La dignidad ciudadana.
La producción y la productividad.
El servicio público.
El derecho y la justicia.
La libertad.
La honradez.
La salud.
Los documentos y los trámites.
El respeto.
La vida.
La muerte.
En fin, una inagotable lista que golpea a cualquiera que se aventure fuera de sus recintos por vías reales o virtuales.
Lo miro todo, con mis ojos cargados de años y desde mi alma todavía preñada de ilusiones de mundos mejores y posibles, y me pregunto: ¿hasta cuándo?.

sábado, 9 de junio de 2018

Mama gallo

La emergencia económica, un decreto que nació tuerto, porque nunca lo aprobó quien tenía que aprobarlo, lleva no se cuantas renovaciones sucesivas, sin que hayamos visto nada que nos mueva hacia fuera de la crisis en que esta sumido el país.

De repente, un día cualquiera, el jefe del Ejecutivo, dice que se recogerán todos los billetes de cien que estaban en circulación. Sería un día de diciembre. Se desató una tormenta de pánico en un mundo ya sacudido por la escasez de dinero en efectivo.
Luego las prórrogas, hasta que la gente dejó de creer...

Últimamente, el mismo hombre anunció cambios en la moneda nacional y fijó una fecha imposible para que pasara.
Millones se gastaron en publicitarlo.
Millones necesarios para fines más nobles.
Después lo cambió, y habló de una nueva fecha.
Como si nada...

Es lo que en criollo llamamos una mamadera de gallo.

martes, 8 de mayo de 2018

¿Votar?

La mesa de los amigos, en un restorán disminuido, como tantas cosas en el correr de estos días...
Entre cervezas se cuela la conversa sabrosa de quienes vienen jalando vida y coincidencias desde hace décadas. Cualquiera que observara la escena desde distancia vería cinco viejos compartiendo...
De achaques hasta nietos, de todo circula por la mesa. Los temas saltan y se sobreponen y se da una atmósfera mágica que permite que se hable de todo al mismo tiempo.
Alguien, uno de esos amigos dispara desde la silla a mi lado: ¿Vas a votar?
Cambia el tono de la mesa, y el jolgorio desordenado, se transforma en una serie de disertaciones que ameritan otra ronda.
Lo clave, dice alguien, es entender que votar es un deber ciudadano y una necesidad impostergable, que si los políticos no están haciendo bien su parte, esa será su responsabilidad ante la sociedad y la historia, pero eso no nos excusa del deber cívico.
Otros hablan de condiciones desventajosas y trampas "cantadas". ¿Para que ir si ya sabemos lo que pasará? y, más allá, si ya la mitad del mundo desconoció el fraude electoral, ¿por qué validarlo con nuestro voto?
En ese momento, lo confieso, me sentí realmente confundido, sin saber hacia dónde dirigir mi opinión. Dije: no se, tengo que pensarlo más.
Y eso llevo haciendo toda una semana. Esa conversación entre viejos amigos, me ha llevado a recorrer opiniones y enfrentamientos de todas clases.
En algún punto encontré el elemento clave, que me sacó de dudas.
Me di cuenta de que todo esto es una distracción que no debemos permitirnos, a riesgo de pagar precios demasiado altos para la conciencia ciudadana.
Que, por arte de enredos, no se si espontáneos o cuidadosamente diseñados, estamos metidos en una discusión árida. Que dejamos de distinguir el objetivo primordial que debe ocupar a esa porción del país que se ubicó en la oposición a este gobierno de pesadilla.
Me vino claro: el único objetivo de esta etapa, la prioridad absoluta, debe ser salir de este gobierno.
En este momento, lo que está sobre la mesa es un candidato opositor.
No discutiré aquí si bueno o malo, o que tan oportuno. Simplemente, un candidato.
Una opción para salir de lo que existe ahora.
Esa es la prioridad. La mía, por lo menos.
Ese almuerzo de amigos me trajo claridad.
Ya se en que estaré ocupado el veinte de mayo.

sábado, 21 de abril de 2018

Culposo


La idea viene dando vueltas, posándose brevemente y volando de nuevo, distrayéndose con el tráfago de los días. 
Pero vuelve, insistente, buscando su destino en estas letras que, ahora, parece que se ocuparán de liberarla.
Es que las noticias rodean nuestro quehacer con tanto infortunio: niños que mueren, violentos que atropellan a gente indefensa, ladrones de cualquier calaña, automóviles lisiados, monedas desahuciadas; tanto, tanto infortunio indebido, inmerecido.
Crecí en la idea de la responsabilidad. En la de que cada quien debe hacerse cargo de las consecuencias de sus actos; que nadie puede eludir lo que sus decisiones le vayan trayendo. Al final, esas consecuencias vendrán a tocar tu puerta.
Mi país navega aguas turbias y va quedando relegado en el concierto del mundo occidental, que también suena un tanto desafinado por estos días...
No hay consuelo, ni excusa. Las aguas se salieron de madre y quién sabe cuándo se encauzarán de nuevo.
Creo que cuando todas las trágicas consecuencias de este tiempo aciago, toquen a la puerta de quienes tomaron las decisiones que trajeron al país a esta incierta desembocadura, tendrán ellos que abrirles para reconocer su indolencia en los ojos cansados, seguramente tristes y, ojalá no, ávidos por devolver el golpe.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Navidad 2017




Por la cuadra donde vivo sopla brisa fría, invita al abrigo y las infusiones.
Esta Navidad vino desleída en este rincón del mundo que es mi pueblo. 
Es que aprieta una oscurana, prolongada en demasía.
Es deber rescatar la alegría y traer luz que aclare los espacios negados. 
Es deber brindar por la certeza de que el mundo será mejor.
Según la sabia conseja, es bueno emprender antes del amanecer para ir por el sol en el hacer del camino.
Aperémonos pues de buena lumbre y aventuremos los pasos que nos lleven al encuentro del día, que está allí de seguro para envolvernos en su calor y regalarnos esperanza e ilusiones. 
Ya irá por nuestra cuenta lo que de ellas cuaje…

Salud!!!

sábado, 9 de diciembre de 2017

Precario

Circulo por caminos oscuros, aunque adivino postes de luz extinta en los bordes de la carretera, sembrada de cráteres inesperados. Voy en automóviles destartalados por el olvido.
Un cantante busca fondos para aferrarse a la vida. Pide disculpas por su estado y deja que su voz desgarrada concite emoción.
Filas de gente aparecen en todos mis días. Filas largas, como sables de resignación.
Parece que ya nadie supiera qué hace allí. Solo importa estar y ver qué espera en el filo.
Las cloacas de la ciudad botan su agua corrupta sobre el pavimento que se corroe callado, como si ya no importara la barbarie.
Las salas de los hospitales son antesalas de las funerarias.
Las escuelas cierran el pensamiento, como cierran sus puertas...
Aparecen carnets panacea, credenciales de una identidad impuesta, que subyuga a los necesitados.
La precariedad es un cuchillo artero que se hunde para herirlo todo.