sábado, 18 de julio de 2020

Caracas, hacia un nuevo aniversario...

Pienso en las ciudades como en seres vivos.
Me atrevo a afirmar que tienen alma.
Los habitantes jugamos con ellas un extraño juego de espejos.
Reflejan las calidades y las miserias de nuestros temperamentos,
y nos las devuelven desde sus espacios para mostrarnos lo que vamos siendo.
Caracas ha sido fiel portadora de los caraqueños y nosotros fieles reflejos de ella.
Viéndola desde mi balcón, recostada a la cordillera, aún joven, percibo su tristeza.
Es la salobre tristeza de los abandonados del amor,
de quienes quedaron varados en una estación sin nombre,
y parecen desahuciados, perdida la esperanza del próximo tren…
Veo transeúntes indiferentes, ensimismados.
Veo fantasmas deambulando grises, prisioneros de angustias inenarrables.
Veo parques abandonados y edificios contrahechos.
Veo vallas que pregonan falsedad.
Creo que será necesario que vengan nuevos cantores
a renovar con trovas un amor que parece perdido,
a mostrar que no hay olvido
y que el abandono fue solo un accidente pasajero,
un viento de infortunios que irán pasando
hasta disolverse como los malos recuerdos.
Volveremos a encalar sus muros y desalojaremos la ignominia.
Volveremos a nutrir sus resplandores.
Es solo cuestión de tiempo…

lunes, 6 de julio de 2020

¿De qué tamaño es el mundo?




Mundo es el planeta, y también la dimensión total de la interioridad; es otros planetas e interioridades.
Hay mundos individuales y propios, y los hay colectivos. Hay mundos ajenos...
Hay mundos físicos, y los hay etéreos.
Lo importante, me parece, es que habitemos con plenitud los mundos que nos correspondan, aprovechándolos y disfrutando todo lo que tienen para ofrecernos, y alegrándonos de su generosidad y abundancia.
Me doy cuenta, dentro del interminable confinamiento que nos impone la pandemia, que el tamaño de nuestros mundos se alimenta, en primer lugar, de la combinación de formación e información de que dispongamos, para lo cual es fundamental considerar la educación que, en definitiva, sirve de filtro entre los sesgos de la primera y las trampas de la segunda.
El tamaño del mundo también tiene que ver con nuestra capacidad para asumir nuestra riqueza interior, la maravilla del ser que venimos siendo, el asombro constante ante el universo que se expresa cotidianamente en todas las cosas, simples y complejas.
Aquí, el vehículo de la educación tiene que abonarse con nutrientes adicionales del conocimiento y del desarrollo de la conciencia.
Hay un viaje interior que nos expande.
Los encierros importan menos si podemos habitar mundos amplios y enriquecidos.


martes, 16 de junio de 2020

Intervenir partidos políticos




Los partidos políticos son expresión de voluntad.
Es importante comprenderlos como la cristalización de movimientos que van aglutinándose alrededor de ciertos ideales y doctrinas. 
Los líderes recorren incansables los caminos y ofrendan todo para proponer una visión de país. 
Los seguidores recogen firmas y completan recaudos hasta que culminan el proceso y nacen a una vida que se va enriqueciendo con los años de participación en los procesos públicos de la nación.
Los partidos políticos son una expresión genuina de las libertades cívicas.
Las sociedades libres reconocen en ellos sus esencias de ciudadanía y el respeto por la diversidad de pensamiento y opinión. 
De esta forma, los partidos políticos devienen en un valor fundamental de las democracias verdaderas.
¿En qué cabeza cabe que una tercera instancia puede “intervenir” partidos políticos y designarles dirigentes espurios?
La pregunta no es ingenua, por supuesto.
Se que ese despropósito, revestido de cualquier leguleyismo, carece de todo fundamento y que las acciones de ese tipo esconden otros miedos y motivaciones carentes de luz.
Actuar de la manera como se está actuando hoy en Venezuela, ha sido siempre un acto de soberbia solamente comprensible desde la compasión, entendiendo que es recurso de incompetentes quienes, además, ignoran que mientras más atropellos cometen, más hondo será el hoyo donde los deseche la historia.

martes, 9 de junio de 2020

Mal gobierno


Cuando pienso en el gobierno, aparecen ante mi una serie de elementos que se coordinan y producen resultados que nos abarcan a todos quienes formamos parte de una colectividad, local, regional, nacional, mundial…
El gobierno, a cualquier nivel, tiene un rasgo característico: el ejercicio del mando.
Para gobernar hay que mandar, no me cabe duda; así que el punto es, más bien, entender de dónde emana la fuerza que sostiene el mando, para entender el tipo de gobierno.
El mundo ha evolucionado y las fuentes del mando se han sofisticado con el tiempo.
En un pasado remoto no había discusión y mandaba quien tenía más fuerza y poder físico, cosa que se verificaba mediante el enfrentamiento de los contrincantes, sin mayores fórmulas.
Pero fuimos evolucionando y los más débiles descubrieron que si alzaban sus voces al unísono, podían obtener fuerzas alternativas que hacían que el gobernante tuviese que prestar atención, y negociar espacios de poder y decisión. 
Tomó milenios, llegar aquí…
Evolucionó la noción de gobierno, y al mando, puro y simple, hubo que ponerle apellidos que le actualizaran el propósito. 
Ahora es un ejercicio por delegación y su función es el servicio al común.
Entenderlo de otra manera es, como mínimo, una temeridad que solo puede provenir de la ignorancia y la carencia de sensibilidad.
Quienes buscan gobernar a la fuerza, como nuestros antepasados, no son solamente anacrónicos accidentes pasajeros, portadores de infortunios; rémoras de un tiempo que ya no existe.
Son, realmente, una morisqueta histórica.
La mala careta de un teatro que pasó de moda y que, al resistirse, solo logra afianzarnos en la convicción de que así no es, que ese no es el camino.
Ya sabemos que la historia no avanza en línea recta y que sus meandros pueden ser muy extensos. 
Pero es inevitable que su curso se mantenga en la dirección del bien común, porque ese es el mandato de cualquier especie; la esencia de su supervivencia, la base de su instinto de conservación.
Por eso me parece fútil hablar de esperanzas de cambio cuando vivimos malos gobiernos.
Propongo que hablemos desde la certeza. 
El mal gobierno terminará, simplemente porque así será.
El mal gobierno terminará porque ese es el imperativo de la historia.
Se irán los mandones de toda ralea, en cualquier parte.
Se les irán deshaciendo los mapas, y llegará el día en que no podrán regresar jamás.

viernes, 8 de mayo de 2020

"8 de mayo a las 23:00 callan las armas"...

Se trata de un hombre maduro y encumbrado.
Acostumbrado a los privilegios del rango y ranciado de sus hábitos aristocráticos.
Difícil día para el Mariscal de Campo, la amargura se le atraganta.
Ya sin esperanzas, se contempla en el magnífico uniforme orlado por las insignias de treinta y nueve condecoraciones, pilares de su altivez y orgullo.
Va con sus captores a cumplir el último protocolo ingrato de sus días, que fueron gloriosos alguna vez.
Firmará la rendición incondicional…
El ocho de mayo de hace setenta y cinco años, Wilhelm Keitel rubricó, junto con otros dos compañeros, el documento que selló el fin de la Alemania Nazi, derrotada luego de una cruenta y larga guerra que asoló a Europa y nos arropó a todos con su tiniebla.
A partir de ese día una oleada de cuestionamientos y aspiraciones renovadas, iniciaron su recorrido en manos de los sobrevivientes de la catástrofe y el mundo hizo votos por el nunca jamás.
Los prados del hombre volvían a florecer.
El Mariscal Keitel alguna vez escribió desde sus alturas un comentario dentro de sus órdenes inapelables de exterminio y violación de los derechos de los otros: “Nuestro trabajo es suprimir una forma de vida”.
En esta sentencia se resume, en mi opinión, toda la carga de intransigencia que signa a los totalitarismos de cualquier tipo.
Hombres ungidos por la insensatez superlativa se erigen para rescatar a la humanidad de si misma y liberarla de todas sus falencias, para que quienes queden accedan al mundo perfecto que ellos visualizan.
No hay espacio para las disidencias, ni para las diferencias.
Se desatan demonios que recorren la Tierra cuando esos afiebrados llegan a tener poder y lo consolidan.
Ya alguien ha hablado de los vaivenes de nuestra especie. 
Cuando pasa suficiente tiempo y las condiciones de vida se acomodan para unos, quizás en detrimento de otros, la indiferencia comienza a cobrar nuevas fuerzas y, de su mano, vienen la intolerancia y el desprecio, como horrorosos hermanos menores.
Los discursos encendidos en las hogueras de la locura vuelven a resonar, invocando banderas y fronteras, muros y soberanías. 
¡Unos adentro y otros afuera!
Aparecen los visionarios mesiánicos y los rescatadores de patrias.
Y las masas aúllan loas que engordan esos egos, narcotizados por su propio éter.
Vuelve el pandemonio.
La retórica orate va abrazando todo como una hiedra que envenena y pudre la convivencia y la paz.
Pareciera que luego de tres cuartos de siglo de que el Mariscal Keitel firmó la capitulación, para acudir a su destino de cadalso y ahorca unos meses después, aparecen sombras que presagian tiempos de oscuridad.
Debemos oler los aromas del viento y otear el horizonte, atentos a cualquier signo que sugiera amenaza.
Dependerá de nosotros que prevalezca la luz…

domingo, 26 de abril de 2020

El continuo de la esperanza


Corren los días de cuarentena y no podemos escapar de la sensación de vivir un momento impuesto. No lo esperábamos y, peor aún, no estaba en nuestra perspectiva de posibilidades.
La situación llegó e instaló en nosotros nuevas formas de vida y convivencia; nos planteó desafíos de creatividad y adaptación que nos han ido llevando a la convicción de que la "normalidad " a la que regresaremos en algún momento será diferente de la que conocimos.
Ciertamente la pandemia es una coyuntura, pero por sus características y su duración prolongada, sembrará en lo estructural nuevas prácticas y enfoques de muchos aspectos de nuestra vida cotidiana. 
Estamos adquiriendo nuevos hábitos e incorporamos nuevos aprendizajes a nuestras formas de hacer las cosas y relacionarnos con los demás y con nuestro entorno.
Emergerá un mundo distinto...
Los estados de ánimo son expresiones de la interioridad que marcan cómo nos vamos sintiendo según como vamos asimilando lo que nos va sucediendo, y condicionan nuestra respuesta y disposición a emprender cada día.
Claro, en un mundo de relacionamiento activo y hasta hiperactivo, las oportunidades de soslayar un estado de ánimo desfavorable y movernos a otro eran muchas, y podíamos variar simplemente con desplazarnos y encontrarnos con otras personas en otros lugares. Ya eso nos ayudaba; al distraernos, alejábamos malestares...
Ahora, estando confinados actualmente y, de seguro, físicamente distanciados por un tiempo largo, estamos ante el desafío de encontrar nuevas formas de superar los estados de ánimo desfavorables. 
Socialmente hay y habrá menos oportunidades de abrazos reconfortantes o de encuentros y fiestas, paseos y excursiones grupales, bien por decisión, bien por restricción o, inclusive, por prohibición.
Igualmente, lo laboral se encontrará con obstáculos si pretendemos retomarlo del mismo modo en que lo dejamos.
Cada día nos toca transitar por fuentes alentadoras y desalentadoras sobre lo que estamos viviendo. 
Las redes sociales nos bombardean con todo tipo de mensajes y noticias verdaderas y falsas, que nos infunden pesimismos y optimismos que se alternan a cada segundo y nos obligan a decidir cómo queremos sentirnos, según como interpretamos esa lluvia incontenible de mensajes electrónicos.
Transitamos un continuo que va desde la desesperanza, el resentimiento y la resignación, hasta el entusiasmo, la aceptación y la esperanza.
Es nuestra responsabilidad buscar los mecanismos para desplazarnos hacia su lado más luminoso y evitar, en lo posible, las acechanzas del desánimo, que no conducen a ningún buen destino.
Descubrir nuestro potencial renovador y encontrar nuestras fortalezas adaptativas, compartirlas con los demás, para intercambiar provechos es, en mi opinión, la tarea diaria de los nuevos tiempos.

jueves, 9 de abril de 2020

Entradas de diario



I
Siempre se llena la luna en Semana Santa.
Así lo decretaron los hombres en Nicea, 
hace más de quince siglos…
Esta vez tocó una super luna para estas fechas.

II 
El confinamiento es una marea tenue,
que desgasta con paciencia;
y muerde como las fieras desdentadas
que oprimen sin desgarrar…

III
Los bancos de la plaza están vacíos
e inhalamos un aire ocre y ceniciento, 
como si a respirar se le destiñesen los colores…
Oigo canciones
y me dejo llenar de su esperanza.

IV
Estoy conmovido
estoy hondamente conmovido,
me lo declaro, por fin.
No se cómo seré 
cuando amanezca mañana.

V
Quiero alentar cada día con las risas
escondidas en los rincones 
de una interioridad que lucha contra el agobio.
Las busco, las pesco y las saco.
Las sirvo como tesoros 
en la mesa de compartir.

VI
Imagino a los hombres de Nicea
decretando la luna siempre llena 
para la semana mayor.
Quisiera haber estado allí 
y haber decretado sonrisas…