sábado, 9 de diciembre de 2017

Precario

Circulo por caminos oscuros, aunque adivino postes de luz extinta en los bordes de la carretera, sembrada de cráteres inesperados. Voy en automóviles destartalados por el olvido.
Un cantante busca fondos para aferrarse a la vida. Pide disculpas por su estado y deja que su voz desgarrada concite emoción.
Filas de gente aparecen en todos mis días. Filas largas, como sables de resignación.
Parece que ya nadie supiera qué hace allí. Solo importa estar y ver qué espera en el filo.
Las cloacas de la ciudad botan su agua corrupta sobre el pavimento que se corroe callado, como si ya no importara la barbarie.
Las salas de los hospitales son antesalas de las funerarias.
Las escuelas cierran el pensamiento, como cierran sus puertas...
Aparecen carnets panacea, credenciales de una identidad impuesta, que subyuga a los necesitados.
La precariedad es un cuchillo artero que se hunde para herirlo todo. 

sábado, 7 de octubre de 2017

María la Bollera



¿Quién tiene la culpa?
María la Bollera…
Ricardo Portillo


En los setentas venezolanos del siglo pasado la gaita, esa expresión de zulianidad que acabó envolviéndonos a todos, tuvo un momento de renovación que marcó una agrupación histórica: Guaco.
Y en 1976, colado en esos predios, un gaitero de estatura, Ricardo Portillo, nos regaló la primera de muchas y buenas versiones de su María la Bollera.
La canción discurre, picaresca, por varias estampas populares que tienen de protagonista a María la Bollera, preguntándose entre estrofas, “¿quién tiene la culpa?”.
Pues bien, aquí me encuentro más de cuarenta años después, oyendo el estribillo una y otra vez, solo que sin las sonoridades pegajosas de la buena gaita, ni la solución de la Bollera.
Escucho diariamente que la culpa es de la guerra económica, o del bloqueo, o de El Niño, o de la derecha, o el imperialismo, o, o, o…
Alguien o algo, siempre externo a quienes tienen las responsabilidades de gobierno y de administración pública, tiene la culpa de todas las miserias y tragedias de Venezuela.
No hay manera de que los personeros de este circo mal montado asuman la responsabilidad de nada.
En mi recorrido he aprendido algunas cosas sobre los comportamientos de las personas y de los ensayos para entenderlos. Uno de esos tiene que ver con esa forma particular de pretender escudar cualquier falla, deficiencia o error, con el señalamiento de “culpables” que, obviamente, no son nunca las personas que aparecen claramente envueltas en el desatino. Siempre son otros quienes tienen la culpa.
Aprendí a distinguir en eso una manera de disfrazar la propia incompetencia, la incapacidad para atender cualquier cosa con un mínimo de eficacia, la inhabilidad para entregar resultados. Se les hace más fácil a este tipo de personajes señalar a otros que mirarse a sí mismos, y eso es signo de extrema pobreza espiritual.
En manos de gente así, no es de extrañar que marchemos tan a la deriva.
Si no por otros motivos, que también los hay en abundancia, esto nos debería bastar para encontrar la manera de cambiar esa dirigencia de incompetentes.

Hay que estar pendientes, porque María la Bollera anda suelta y alborotada!!

sábado, 30 de septiembre de 2017

Onanismo verbal


No cesa mi estupor.
Parece increíble que casi veinte años después no tenga yo la capacidad de procesar la cantidad de vaciedades que brotan de cualquier intervención oficial, sobre cualquier tema.
Es posible que ello tenga que ver conmigo, con mis sesgos y mis prejuicios. Ya a estas alturas de la vida he comprendido que solo podemos percibir nuestra propia versión de la realidad, que somos filtros interesados de lo que vivimos.
Pero, sea cual fuere el caso, me parece increíble que se puedan poner tantas palabras juntas para describir mundos virtuales, pretendiendo que son concretos y tangibles.
Oigo funcionarios de todo nivel que hablan de un mundo desconocido para mi: una Venezuela camino a convertirse en una potencia, un país libre de analfabetismo, una nación pujante que se está labrando un futuro luminoso. Oigo hablar de salud, educación, empleo, bienestar, prosperidad. Escucho discursos de amor y de paz.
Les escucho hablar y hablar, y aplaudir y aplaudir; pero no se qué pasa. 
Porque cuando salgo a la calle, no encuentro nada de eso. Más bien mucho que parece lo contrario. Es un raro fenómeno.
Además, a veces en serio y, las más de las veces con sorna, trato de verificar con otros que deambulan por la misma circunstancia.
No todos dicen, pero si ofrecen un mirar casi siempre nublado, y siempre triste. 
Las bocas y los ojos que encuentro mayoritariamente hablan en códigos trágicos y decepcionados. 
Cuando me asomo al país, miro hambre, enfermedad, pobreza, necesidad, distanciamientos y rupturas, corrupción generalizada. 
Tantas cosas que alejan las posibilidades de prosperidad.
Veo precariedad generalizada.
De auto complacerse, la humanidad ha hecho elogios y condenas. 

“Los tocamientos impuros te dejarán ciego”, diría Serrat…

lunes, 31 de julio de 2017

500 metros...

Números, muchos números de diferente índole: 15 son los muertos reportados, más de 8 millones los votos, 30 la fecha, 120 los días de esta etapa de manifestaciones de descontento popular. 
Verdades y mentiras que se visten con números, para acomodar realidades a conveniencias.
A mi se me queda el número 500, el de los metros que el régimen dispuso para alejar a la prensa de sus centros de votación, me queda ese número como una referencia indiscutible.
El juicio de la transparencia es fundamental para dar validez a las proclamas de quienes quieren ser seguidos, quienes quieren liderar. 
Estimo que si el líder no se presenta como persona transparente, su conducción es turbia y puede llevarnos por malos e inciertos caminos. Ya la sabiduría popular se encargó de sentenciarlo con una máxima de la prudencia: "En la duda, abstente".
Es lo que voy a hacer.
Quienes proclamaron que era necesaria la elección de representantes a una asamblea constituyente, que apareció de repente en el fondo del sombrero de un mago de baja categoría, que fue torpe hasta para sacarla, cuando vieron que casi nadie les creía, decidieron decretarla como obligación, a fuerza de represión y amenaza, e impusieron un cerco de 500 metros para que los reporteros no pudiesen reportar. 
En vista de eso, optaré por no creer en sus números, optaré por pensar que mienten. 
A mi juicio, esta es una de las mentiras más serias que ha dicho el régimen (aunque podrían superarse, tanta es la estupidez que me demuestran), y nos plantea perspectivas desalentadoras, encubiertas en discursos plagados de adjetivos innecesarios, que solo denotan mediocridad, evidencias adelantadas de las resultas que cabrá esperar de los conciliábulos que están por comenzar.
Asistiremos a un circo vergonzoso.
En su momento caerá la carpa sobre los payasos y los enanos. 
Habrá que recoger el desastre, para comenzar mejores días...



martes, 25 de julio de 2017

Caracas 450



Llega Caracas a 450 años. Fundada como una villa modesta en la ladera sur del cerro Ávila.
En algún momento alumbró como una prometedora urbe, que parecía destinada a ocupar un sitial privilegiado entre las capitales latinoamericanas, favorecida por el flujo de los dólares petroleros, la particular confluencia de los más talentosos arquitectos, urbanistas y artistas, que vinieron de todas partes a depositar ofrendas en este valle, cuya naturaleza es, a fin de cuentas, la mayor de todas sus fortunas.
Caracas es mi ciudad. Pude recorrerla por los extremos de mi tiempo, desde San Bernardino hasta El Marqués, por el norte; y hasta sus confines del sur, en los Prados del Este, ya en los límites con la Ciudad Satélite de La Trinidad. Todo eso desdibujado por el avance inexorable del proceso humano que da sentido a las ciudades. ¿Hasta dónde llegará hoy Caracas?
Diariamente oigo resonar sus vísceras y se que Caracas está enferma. Cuando la recorro, veo los signos de sus múltiples dolencias y no puedo menos que condolerme de su padecer, que planteará desafíos formidables a los especialistas que están por venir, para rescatarla de la arremetida de barbarie enardecida que la asola ya por décadas.
Seguirá. Quiero soñarla esplendorosa y cívica. Radiante y alegre, consciente de su relevancia histórica, alimentada por el orgullo de sus habitantes.
Caracas, mi ciudad. Enferma y adolorida; altiva y orgullosa combatiente de tiranías. 
Hoy le rindo homenaje. Es su día.




domingo, 16 de julio de 2017

y si el despotismo levanta la voz...



Reseño lo que vi en la jornada de esta mañana:


Alegría.
Organización.
Motivación.
Esperanza.
Convivencia.






Vi que el país cívico que quiero está ahí, despertando de efectos narcóticos de una nube desafortunada, que comienza a disiparse...



viernes, 14 de julio de 2017

Algunas preguntas im-pertinentes:

  1. Si me inscribo en la integridad personal, ¿puedo respaldar a quienes gobiernan en corrupción?
  2. Si me siento humanista, ¿puedo argumentar a favor de quienes abusan de la fuerza para acallar a quienes protestan?
  3. Si respeto la diversidad, ¿puedo justificar el sectarismo y la descalificación del otro?
  4. Si creo en la universalidad, ¿puedo despreciar el pensamiento y las ideas que me adversan?
  5. Si me inscribo en las iniciativas de progreso y prosperidad para todos, ¿puedo justificar que se suma a un país en la miseria y el atraso?
  6. Si entiendo que la administración de lo público tiene que hacerse desde la transparencia y la probidad más completas, ¿puedo respaldar a quienes no rinden cuentas sobre los destinos de la tesorería nacional?
  7. Si se que no lo están haciendo bien, y que no muestran disposición a rectificar, ¿hasta dónde y con qué argumentos puedo acompañar?
  8. Cuándo los más claman por cambio, ¿hasta dónde es válido cerrar las vías para que lo logren?
  9. ¿Cuánta incongruencia se puede aguantar antes de perder el sueño?
  10. Cuando los problemas del país son concretos e ineludibles, ¿cuánto resuelven las etiquetas?

 Podría formularme muchas, muchas más, pero: ¿hará falta?